Thursday, March 16, 2006

Ojos que da pánico soñar...


Los que bien saben suelen señalar la década de los setenta como una etapa muy significativa para el cine de horror. Fue en esos años dónde el género tomó un nuevo y fuerte impulso, se reinventó a través de obras hoy paradigmáticas que se establecieron como la base de lo que podemos considerar horror contemporáneo. Curiosamente, esta suerte de sacudida, después de largos años de letargo, fue propinada no por el cine triple A (aquel que goza de grandes presupuestos, con directores y productores de primera y pensado para una distribución masiva) sino desde el humilde extremo opuesto que es la serie B, gracias a un puñado de nuevos realizadores que desde la independencia, el bajo presupuesto y, prácticamente, el anonimato lograron introducir al género sus ideas novedosas entonces. Obviamente, estas películas no tuvieron el impacto comercial de casos contemporáneos como El exorcista (Friedkin, EU, 1973) o Tiburón (Spielberg, EU, 1975) pero sí lograron establecer líneas seguidas años después, hasta el choteo, por el llamado cine mainstream.
En los años recientes ese cine de horror esta siendo tomado en cuenta. Y resulta irónico ver como esos productos ninguneados en su momento, innegables obras de culto, vistos con desprecio por la llamada crítica seria se recuperen a través del remake con presupuestos que superan en mucho los tres dólares con los que, en sus orígenes, habían sido facturados. Primero fue Texas chainsaw masacre (1974), de Hooper, motivo de una revisitación en el 2004 de la mano de un desconocido Marcus Nispel, y aunque el resultado, siendo honestos, fue bastante decoroso uno no dejaba de ver en el producto una innecesaria sustitución de los códigos que han permitido a la obra de Hooper su inquietante vigencia por otros más cercanos a la generación del videoclip. Después fue Amytiville horror (1979), de Rossenberg, una obra menor del género pero bastante eficaz en su idea de la posesión satánica, retomada en el 2005 en una versión de Andrew Douglas que acentúa sus muchas limitaciones.
Ahora le ha tocado el turno a The hills have eyes (1974), película que Wess Craven realizó el mismo año que Chainsaw…y que se ha mantenido en el culto casi a su mismo nivel. El remake se acaba de estrenar en Estados Unidos y quien encabezó el proyecto fue Alaxandro Aja, joven realizador francés que ya demostró sus muchas capacidades en la hiperviolenta Haute tensión (Francia, 2005), película de la que hablamos ya en este espacio.
Hay que ver si Aja logra ya no superar sino igualar los alcances del ahora disparejo Craven. Mientras ese momento llega podemos recordar que Las colinas tienen ojos (título en español) era una variante mucho más elaborada de La última casa a la izquierda (1972), chatarrero pero genial debut de Craven (que era a la vez una suerte de remake no confeso, hipertrash e hiperviolento, de ¡El manantial de la doncella de Ingmar Bergman! ), donde una familia en principio armoniosa y pácífica se ve obligada a mostrar su rostro más primitivo y depredador por venganza y sobrevivencia. La película era bastante rica en ciertos detalles que Craven introducía, sobre todo esa ubicación de la historia a medio camino entre la ironía y el angustiante tono de la agresión unilateral al principio (en escenas de tensión insostenible) y recíproca después entre dos familias confrontadas física y simbólicamente: una, la típica y en apariencia equilibrada familia de clase media blanca, en principio la víctima, que se ve en la penosa, luego trágica situación de improvisar un pic-nic en medio de un devastado y apocalíptico paisaje desértico, la otra, sus verdugos, la atípica familia de freaks medio bestias en actitud y medio subnormales en apariencia, aves de rapiña ocultos entre las colinas en espera de abastecimiento, sin percatarse que los “otros”, sus antojables víctimas pueden tener la misma garra. El propio Craven realizó una secuela (The hills have eyes II) en 1982 con menos fortuna.
Esperemos, entonces, el remake de Aja, y no nos extrañe que pronto se anuncie un remake de Halloween (Carpaenter, 1975), Alarido (Argento, 1978) o Siamesas diabólicas (De Palma, 1973). (José Abril)

3 comments:

rusted said...
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rusted said...

que capirotada de influencias y referencias mencionas, hasta Bergman salio a relucir aqui.
sigo con mi peticiòn de que escribas algo de Argento y su trabajo mas cabròn: su hija ...y mi actriz favorita. jejejeje

víctorhugo said...

¿Quieres saber lo que es El Horror?: que en un viaje el chofer escoja Verano peligroso para su clientela y que, de regreso, otro maldito chofer repita la operación (¡con la misma película!). Si hacen un remake de esa película (?) me suicido.