
No obstante esta recurrencia, Allen ha demostrado en contados momentos su enorme capacidad para desarrollar otro tipo de registros más cercanos al drama, e incluso al melodrama, donde no hay cabida para el recurso esperanzador de la risa. Es aquí donde Allen se manifiesta como un diseccionador del alma humana, como un agudo y frío observador del comportamiento de un puñado de personajes enfrentados a situaciones que ponen en riesgo esos universos personales que tan cuidadosa, cautelosamente han construido. Películas ya clásicas como “Interiores”, “Septiembre”, “La otra mujer” y, principalmente, “Crímenes y pecados”, lo constatan.
Es este Allen, reflexivo ante las contradicciones propias del hombre, el que identificamos en “Match point” (Inglaterra, 2006), su más reciente película, estrenada aquí en México y en nuestra ciudad bajo el nada ingenioso titulo de “La provocación”.
Aproximadamente 15 años dejó pasar el realizador para descansar un poco de sus ya rutinarias –aunque siempre divertidas- comedias, retomar esa mirada y volver aquellos intensos dramas intimistas que tanta reputación le generaron como cineasta versátil en sus registros. Porque en “Match point” Allen se aleja de su tema predilecto, o sea él mismo, para ofrecernos una historia totalmente distinta a la que nos tenía acostumbrados en sus últimas realizaciones.
Y es en la historia sobre el ascenso social de un arribista, de un carismático joven que pasa de ser un profesor de tenis a importante hombre de negocios, y que a través del matrimonio logra introducirse e instalarse en la alta sociedad londinense, donde Allen encuentra el punto de partida para sus reflexiones. Porque aquí, como en su película “Crímenes y pecados”, a Allen lo que le interesa es observar lo que su personaje hace para poder mantener su estatus a pesar de haber sido el mismo, con sus impulsos, quien lo ha puesto en peligro.
Es aquí donde Allen introduce el tema de la culpa y el remordimiento, el tema de los dilemas de carácter moral que implican ciertas soluciones, soluciones en este caso de evidente signo obscuro y sórdido, pero a fin de cuenta positivas, irónicamente, para el personaje, beneficiado éste por el azar, por la suerte, que aparece hacia el final como un recurso bastante irónico y a la vez amargo. Mucho se ha señalado la supuesta deuda del argumento con Dostoievsky (exactamente como sucedía con su genial “Crímenes y Pecados”), y efectivamente, la deuda se hace explicita en contadas ocasiones del film -el personaje lee “Crimen y castigo” en algunas partes del film-, pero dado los ambientes, las motivaciones mismas del personaje, la idea de la apariencia que oculta un estado de pudrición moral, el carácter obsesivo de los personajes centrales (el protagonista oscilando entre las exigencias eróticas de una amante cada vez solícita y una esposa obsesionada con sus deseos de procrear) encuentro más ecos de la literatura de Patricia Highsmith.
Como en las narraciones de la autora, la película, en un principio se nos presenta ligera, a manera de una crónica superficial del rápido ascenso del personaje. Y Woody Allen, como Highsmith, poco a poco nos va conduciendo por un camino que se torna cada vez más agobiante y denso.
“Match point” no solo manifiesta este repentino regreso de Woody Allen al cine serio. La película presenta algunos elementos que marcan un radical cambio en el director. Hay dos muy notorios, uno de ellos se nos presenta desde la secuencia de créditos. Me refiero al aspecto musical. Si bien Allen había hecho del jazz parte inconfundible de su estilo, ahora éste ha sido desplazado por la ópera. La opera es parte fundamental de esta historia, en gran medida justificada por la afición de los personajes al género, pero también justificada por el carácter trágico y a veces emocionalmente abigarrado de las situaciones que se van presentando.
El otro cambio notorio es el del espacio. Al igual que el jazz, la ciudad de Nueva York había sido una presencia dominante en sus historias; Manhatan, el mundo intelectual neoyorkino, habían sido los ambientes más caros al cine de Allen. Sorprende entonces que “Match point” no sea una película neoyorkina en ese sentido. La historia se desarrolla en Londres y se ubica en la burguesía esnob de esa ciudad. No obstante esos cambios, se nota la mano del realizador.
Defectos menores: Creo que la presencia de Jonathan Rhys Mayers bordea el “miscast” y a algunos momentos eróticos les falta intensidad. A pesar de esto, la película funciona bastante bien. Es una obra redonda; su conclusión conecta perfectamente con la metáfora inicial, implícita desde su título original. (José Abril)