Tuesday, April 21, 2009

Juego de niños



Lejos de hacer el clásico juego referencial, homenajes sobadísimos y guiños múltiples al fan de cine de terror, en especial el de vampiros, Déjame entrar (Suecia, 2008), esa película sueca que aborda el asunto de los chupasangres, prefiere instalarse mejor en un terreno baldío. Sí, se apropia de la figura arquetípica, pero lo suyo no es el desarrollo de la historia al uso con consabidas señas de identidad (iconografía cristiana como antídoto, sexualidad latente o metaforizada por el mordisco o pálida aristocracia rancia que viste a la moda pretérita con ecos “modernos” de cualquier darketo impostadamente solemne y trasnochado). Los vínculos entre shock y glamour tenebroso, de hecho, aquí no existen.

Ni efectismo de fuegos artyficiales, ni soliloquios existencialistas sobre la eternidad y la condición de ser verdugo han tenido cabida en esta conmovedora historia que tiene más de fábula sobre la infancia, sus mecanismos de sobrevivencia, y los juegos que, solidariamente, se detonan para sobrellevar una etapa muchas veces sobrevalorada independientemente de sí ésta sólo es un trámite que todos tenemos que procesar o, peor aún, cuando ésta, en el plano de la dimensión fantástica, pareciera estar maldecida por la eternidad.

Sí, hay sangre, y por supuesto hay víctimas, varias y en varios sentidos. Las de rigor, aquí los ordinarios adultos, sacrificables porque hay que alimentarse; reducidos a carne vil cuando el hambre llama y las tripas gritan por ella. Las más significativas, la condición de víctima que facilita la infancia, la del desamparo, como la de Oskar, ese solitario niño con eternos mocos fríos bajo la nariz que encuentra su refugio y motivación para sobrellevar los escarnios escolares en Eli, esa eterna niña, desamparada también a su manera, con la que noche a noche se encuentra en pos de un refugio correspondido.

Veo Déjame entrar y veo en ella un ejercicio a la manera de Trouble everyday (Francia, 2003), ese obra maestra de Claire Denis. Como la Denis, Tomas Alfredson se apropia de algunos signos del cine de terror para sacudirlos de su estridentismo, resemantizarlos y elaborar, aunque parezca paradójico dada la naturaleza del género, un tratado de melancolía pura, una obra-estado de ánimo y, en este caso, de una ternura subyugante que en el plano de lo estético encuentra poesía y belleza incluso en las situaciones más terribles (la escena final de la alberca es de una perfección que hasta la fecha me obsesiona).

Déjame entrar o el cuento sobre dos niños marginales y taciturnos que se dan el lujo de proporcionarse un final feliz tan contundente, audaz y perverso como nunca se había atrevido ninguna película de terror con adultos colmilludos, siempre tan melodramáticos, tan dados al exceso de sus pasiones, pues.

Nota al margen: Fui a ver la película a la primera función pensando estar en la sala prácticamente solo. Primera sorpresa (desagradable): a la misma sala entraron una parvada de adolescentes preparatorianos ruidosos, bromeando, gritoneando y albureando antes del comienzo de la película. Segunda sorpresa (agradable): minutos después de iniciada la película empieza a dominar un silencio total que se mantiene incluso hasta que todos abandonamos la sala. ¡No daba crédito! La película tiene un efecto hipnótico irresistible.

(José Abril)

8 comments:

Paxton Hernandez said...

Tenía que ser LA MEJOR reseña que he leído de esta película tan brillante. De seguro entra en mis favoritas del año.

Jejeje, en serio te pasó eso? No hablaron en toda la película? O los amanazaste con sacarlos? =P

el ojo en la cerradura said...

jajaja lo de los chamacos es en serio. Pensé: chin...ya me arruinaron la proyección. Pero no, estuvieron calladitos toooda la película. Se dejaron llevar, pues, y es que desde el inicio la película se impone.

Saludos y gracias

Sam_Loomis said...

No me había fijado que ya llegó, me voy a lanzar a verla. No he leído nada menos que la película es buenísima... De seguro vale mucho más la pena que ir a ver el nuevo muy-posible churro de Nicolas Cage.

Saludos profe

el ojo en la cerradura said...

Loomis: apúrate porque de seguro estará hasta el viernes. Y la de Cage, no me pareció taaan churro a pesar del actor y un final de lo más ridículo.

Saludos

Duque Blanco said...

Me parecio que reivindica sin duda alguna al vampiro, mientras peliculas como "twilight" lo utilizan como mero instrumento de ornamenta, "dejame entrar" lo humaniza de alguna manera, lo aleja de todo este misticismo de Bram Stoker o muchas otras peliculas habidas y por haber y nos muestra un lado mas sensible.

Que bueno que por fin llego a Hermosillo. Es cierto, Sam deberia de ir de inmediato porque usualmente ese tipo de peliculas dan injustamente el semanazo.

Saludos.

el ojo en la cerradura said...

Duque: Siento que ésta y la de crepúsculo (así con minúscula) tienen algunos puntos de contacto respecto a la historia. Pero la diferencia es abismal. Con todo y los niños la peli es tremendamente adulta y arriesgada. La otra es mojigatería pura.
Saludos

Sam_Loomis said...

No es por mamon pero 'Twilight' es un super insulto a los vampiros...

Ya vi "Let the Right One In"
T-R-E-M-E-N-D-A

Saludos

benji said...

qué me dices(n) de la escena justiciera en la alberca, hacia el final de la peli?

uff! salí extasiado!!

saludes